Elecciones, liderazgo y comunicación

El próximo 7 de julio tendremos elecciones, los puestos de gobernador, alcaldes y 25 diputados serán ocupados por nuevas personas. Los partidos políticos iniciaron ya las campañas publicitarias correspondientes y los ciudadanos comenzaremos a evaluar a los candidatos, las propuestas, las trayectorias.

Los políticos están haciendo un esfuerzo por mostrar su mejor cara (algunos, con la ayuda del photo shop), en su imagen pública los veremos muy acicalados, con cortes de pelo perfectos, con una sonrisa permanente. Si los candidatos suelen manejar un Mercedes Benz, los veremos en bicicleta; si suelen comer en los mejores restaurantes de la Ciudad de México o de San Diego, los veremos comiendo tacos en la calle; si son distantes y calculadores, los veremos sonrientes y cercanos. En estos días, si un perro muerde a un candidato, éste seguramente cargará al animal con amabilidad (el candidato al perro), lo entregará a su dueño y le dará la mano felicitándolo por la fortaleza de la dentadura del can mientras le dice sonriendo, “querido amigo, cuide a su perro, es un buen animal, que tan bueno no será que me ha permitido tener un acercamiento con usted, un amigo nuevo que como yo, ama a los perros. Cuento con su voto”. Este esfuerzo de comunicar lo que se es y a veces lo que no se es, conlleva muchos riesgos.

En las campañas empiezan a surgir los errores que al repetirse cientos de veces, dibujan o desdibujan la imagen de los candidatos. Cuando el candidato presidencial Zedillo llegó a Mexicali, su tierra, para iniciar su campaña, se dirigió a los cachanillas diciéndoles “denme chance de ser su presidente”, evidentemente Zedillo solo dijo la palabra “chance” para hacerse ver más cachanilla de lo que era, ya que su cercanía o añoranza por Mexicali jamás se dejó ver cuando fue presidente. Ahora, otro candidato usa la fórmula y nos habla diciendo “quiero que me digas lo que ocupas, en qué te sientes atorado”, casi es seguro que el candidato sabe que usar la palabra “ocupas” como sinónimo de “necesitas” es incorrecto, pero es un lenguaje demasiado popular como para desperdiciarlo si se quiere hacerse ver cercano, sencillo y miembro de “la raza”. Otro aspecto que podemos observar en las campañas es el estilo de liderazgo que los candidatos prefieren o proponen. Por ejemplo, unos de los candidatos a gobernador nos dice que la campaña “no se trata de mí, sino de ti”, nos dice además que si nosotros lo elegimos, él y nosotros gobernaremos juntos, al escucharlo, pienso en la cantidad de personas como yo que trabajamos más de 60 horas a la semana y que si lo elegimos, tendremos que agregar a nuestras labores cotidianas la de gobernar el estado junto con el candidato, y pienso en las empresas que eligen a un Director General y en lo que pasa cuando un Director General dirige a la empresa escuchando y obedeciendo la opinión de todos y empiezo a cuestionar la postura demagógica de este candidato. ¿No será mejor que cada candidato nos diga lo que sabe hacer, los éxitos que ha logrado, las credenciales que lo acreditan y que con base en hechos y datos nos permitan formarnos un criterio sobre él? Si un candidato me dice que es humanista y descubro que en su vida ha sido voluntario de la Cruz Roja, le creo; si me dice que es eficiente y honrado y lo dicen también quienes lo han tratado como funcionario público, le creo; pero la credibilidad es algo que las personas se deben ganar a través de sus hechos y no de sus dichos.

 Aquel que siempre vota por los candidatos de un partido, como aquel que siempre le va a un determinado equipo de futbol, esta abaratando el valor de su voto. No debe ser igual la lealtad que le debemos a un equipo deportivo que la lealtad que le debemos a nuestro municipio o nuestro estado, la elección de un candidato debe ser un acto único, inteligente y serio. En estas elecciones olvidémonos de colores y pensemos más en valores y logros; olvidémonos de los partidos, y pensemos en estar unidos, y sobre todo, recordemos algo muy importante, solo podemos votar una vez y la decisión es buena por 3 o 6 años. Hagámoslo con responsabilidad, con la misma responsabilidad de quien compra una casa, o elige un empleo, o promueve a un empleado.

 El autor es Director de Chavarín Velazco Consultores

Este artículo fue publicado en la revista Campestre en mayo 2013

Acerca de Elena

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