Orden en Tijuana

Está alrededor nuestro pero no es de nadie. Así podría iniciar una adivinanza como aquellas que solían rompernos la cabeza cuando éramos niños. Es el desorden. Desgraciadamente para Tijuana, el crecimiento constante y la falta de planeación, o la incapacidad para hacer que los planes se vuelvan realidad, han convertido a nuestra ciudad en una especie de ejemplo de desorden llevado al extremo. El desorden nos rodea y se manifiesta ya de forma evidente en diferentes esferas de nuestra vida social, aquí algunos ejemplos:

En nuestras vialidades.

Recientemente transitaba (es un decir) por el Boulevard Bellas Artes en la zona industrial de Otay cuando de repente el tránsito vehicular se detuvo, usted como yo hubiera anticipado mentalmente las posibilidades que causan un embotellamiento, algunas de las cuales pueden ser un choque, un semáforo descompuesto,  atropellamiento, un retén policiaco, etc. La triste sorpresa que me encontré (después de 40 minutos) fue que la causa del embotellamiento era que las personas deliberadamente decidimos ignorar las señales de un semáforo que estaba operando a la perfección, al querer ser todos el primero, nos convertimos en los últimos. El anterior es sólo un ejemplo extremo, pero pregúntese usted ¿cuándo fue la última vez que hizo un alto total en una calle de Tijuana?

Depender de un policía.

Si como yo, usted ha tenido la experiencia de cruzar a EU en auto, sabrá que el tamaño de nuestra civilidad se reduce a la presencia de un policía o la ausencia de este. Tristemente los tijuanenses necesitamos con frecuencia una figura autoritaria que nos digo si debemos caminar o parar, si es nuestro turno o el de enfrente, socialmente hablando, somos como un niño sin juicio que solo piensa en él y que necesita de una figura de autoridad para poder desenvolverse. Sin policía, optamos por lo incorrecto.

Las fachadas de nuestras avenidas comerciales

En nuestra ciudad, desgraciadamente cualquier comerciante puede anunciar lo que desee en su fachada, no tenemos o no hacemos cumplir un reglamento al respecto, la contaminación visual es tal que ya ni siquiera nos damos cuenta de ella, de tanto ver los anuncios excesivos ya no vemos ninguno. Cuando nuestros comerciantes se quejan de las compras en San Diego y de las pérdidas que éstas les ocasionan valdría la pena que reconsideraran la forma en que nos invitan a pasar a sus negocios.

Nuestras fiestas en casa

Cuando uno de nuestros amigos o familiares se va a vivir a San Diego, las bromas no se hacen esperar, le decimos que su perro ya no va poder ladrar o que sus fiestas van a terminar a las 11 PM. Los tijuanenses nos vanagloriamos de la libertad que nos trae el desorden. Hasta que una noche al llegar a nuestra casa descubrimos que parece que hay fiesta en la cuadra, nuestra cochera está bloqueada y nuestro vecino escucha su música hasta las 7 de la mañana, con cuantas ganas adoptaríamos entonces el orden que se hace respetar en otras ciudades del mundo.

Los tijuanenses somos muy buenos para buscar la calidad total en las empresas en las que trabajamos, hemos aprendido a certificar a nuestros profesionistas y a buscar la mejora continua en nuestros negocios; pero hace falta llevar esa búsqueda por la excelencia
hacia todos los aspectos que rodean nuestras vidas. De nada sirven nuestros semáforos si no los queremos respetar, de nada sirve que el gobierno bachee si arrojamos la basura a la calle, de nada sirve que la calle esté iluminada si no le cedemos el paso al peatón. Parte fundamental del desarrollo de nuestra ciudad es aportada por nuestra participación como ciudadanos.

Hay esperanza

El diciembre pasado en Tijuana se dio un ejemplo de lo que puede representar el nuevo orden de las cosas en nuestra ciudad. Una casa que antes era usada para mantener a personas secuestradas, ubicada en una zona marginada de nuestra ciudad, fue recuperada por las autoridades y transformada en un Club de Niños y Niñas. Las habitaciones que antes servían para torturar a personas inocentes por medio de un encierro inhumano, hoy son aulas iluminadas y alegres en donde los niños pueden aprender computación, hacer sus tareas o practicar alguna disciplina artística o deportiva. No podemos dar un ejemplo mejor de lo que los tijuanenses podemos ser capaces de lograr en esta complicada ciudad. Necesitamos establecer un nuevo orden de las cosas, ya iniciamos.

El autor es Director de Chavarín Velazco Consultores

Este artículo fue publicado en la revista Campestre.

Acerca de Elena

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