Semiótica, narcocorridos y poetas

De ninguna manera volveré a México. No soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas.”

Salvador Dalí

La semiótica es la ciencia que estudia los signos en la vida social. En Tijuana, el lenguaje de los signos en la sociedad ha evolucionado reflejando nuestras prioridades, preocupaciones e intereses. Sobresale en nuestra ciudad, toda la simbología que nos rodea y nos acerca al mundo del narco, basta con ver las carteleras de los lugares en donde se baila música de banda para ser invadido por una avalancha de mensajes relacionados con el narco, por ejemplo, los nombres de los grupos son: Banda Ráfaga, Grupo Nuevo Impacto, Nuevo Enredo Norteño, Grupo Barrera Norteña, Grupo Calibre 50, entre otros. En los videos de este nuevo género de música podemos ver personajes que usan carros como de narco, corte de pelo como de reclusorio (con sombrero), en ocasiones se puede presumir la presencia de drogas y armas en las historias y una serie de símbolos del narcotráfico como el exceso de gasto, la vulgaridad y la falta de educación.

Anteriormente el narco solo se comunicaba con el narco, usaban códigos para comunicar su rencor, su deseo de control geográfico y su poder pero esos mensajes venían en sobre cerrado, de repente dejó de ser así, los mensajes ahora son vistos por nuestros hijos colgados de puentes o en las noticias en forma de incendios en casinos o estadios baleados.

El narco desea establecer una cosa en claro, su tamaño y peso social ha crecido, la sociedad por lo tanto, debe redimensionar los espacios que le da. El caso más reciente en nuestra ciudad es el de los famosos Tucanes de Tijuana, un grupo musical que se ha dedicado a enaltecer la imagen del narcotráfico y de los narcotraficantes, en las letras de sus canciones el “Güero Palma” es “un Rey”, “el Chapo” Guzmán “controla México”,  los “narco juniors” son “inteligentes, audaces y valientes” y otras expresiones por el estilo para cada figura del narco. Sin entrar al debate de qué fue primero, si el huevo, o la gallina, si José Alfredo Jiménez tiene o no culpa de que la gente tome más tequila, o si los Tucanes de Tijuana tienen la culpa de que los jóvenes que oyen sus corridos vean al narcotráfico como una actividad más noble de lo que es, es importante estar conscientes de que la sociedad juega un papel preponderante en el control y gestión de los símbolos que se generan y hasta el momento no estamos haciendo nada. Hoy las telenovelas muestran a los narcotraficantes como héroes, no como villanos.

Seguramente usted como yo ha hecho fila en un banco junto a un narcotraficante sin saberlo, eso no nos hace sus cómplices, pero dejar que nuestra música enaltezca al narcotráfico, eso  sí es una omisión muy grave; dejar que en los medios masivos los ídolos de nuestros hijos se vean como narcos, eso sí es grave; permitir que en Tijuana prolifere la cultura del narco es el más violento de los atentados.

Este tema es importante, atenderlo es vital para nuestra sociedad, debemos establecer con claridad lo que es aceptable y lo que no. Lo más surrealista de nuestra realidad es que tenemos Poetas que se autoproclaman nuestros voceros y luchan para que renuncien los presidentes, los policías y los procuradores, pero esos poetas no han dicho una sola palabra en contra de la cultura del narcotráfico, esa parece intocable.

El autor Manuel Chavarín Millán, es Director de Chavarín Velazco Consultores

 

 

 

 

 

 

 

Acerca de Elena

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