Todos somos Gaddafi, Todos somos ETA

Haciendo fila para dar vuelta a la izquierda en una transitada avenida de nuestra querida Tijuana, observador como soy, me doy cuenta de que del auto de enfrente bajan una ventana para tirar una colilla de cigarro (encendida). En mi mente surgen miles de preguntas sobre la conducta de esa persona que de forma tan irresponsable y deliberada ensucia mi ciudad, ¿será extranjero?, ¿tendrá una discapacidad mental?. Mi molestia aumenta. Las ideas vienen en cascada: recoger la colilla todavía encendida y arrojarla de vuelta por la ventana del vehículo al tiempo que digo “disculpe usted, se le cayó esto”. O acudir a la conciencia cívica del ensuciador y dársela en la mano. Como sea, una colilla más o una colilla menos, la ciudad sigue su marcha.

En los medios, nos enteramos de que el presidente Muammar Gaddafi fue depuesto primero, perseguido después y asesinado a sangre fría en un último esfuerzo del pueblo Libio por vengar los agravios cometidos durante décadas de abuso y sometimiento. Antes fue Egipto. Después ETA renunció a la violencia como medio de coerción. Los acontecimientos como estos se parecen todos. Los festejos se inician de forma inmediata. Se premia al que dio el tiro de gracia, se refrigera el cadáver y se hace burla de sus restos. Como si el cadáver de alguien o una conferencia de prensa, anunciando lo que sea, vaya a cambiar cualquier cosa.

A los mexicanos y por lo que vemos en la tele, parece que a todo el mundo, nos gustan las soluciones de paquete. Sabemos que somos un pueblo gordo y sedentario pero en lugar de dejar de comer y hacer más ejercicio, rompemos el record de ventas de extracto de alcachofas en el mundo (antes fue la linaza canadiense y antes siluet 40). Nuestra colectividad se empeña en seguir cometiendo los mismos errores, es una misma historia que se repite con diferentes personajes cada vez.

Nuestra conciencia colectiva quiere buscar culpables, y los encuentra. Sabemos quiénes son los causantes de nuestros problemas. Siempre es alguien diferente a nosotros; ya sea un político, un empresario monopolizador o un funcionario corrupto. Queda en duda si sea la búsqueda y encarcelamiento de los villanos de nuestra película lo que nos dará un final más feliz. Es probable que una visión más realista  de la situación nos incluya a nosotros en los problemas, es probable que sea un esfuerzo organizado de todos lo que finalmente nos traiga como recompensa la tranquilidad  y prosperidad que pensamos merecer.

Nosotros somos Gaddafi, ensuciando la ciudad cuando nos negamos a limpiarla por nuestra comodidad, o somos ETA cuando nos violentamos en un semáforo.

Mientras tanto pienso en la no violencia de ETA, en su renuncia a la violencia, abro la puerta de mi carro y deposito por primera vez en su cenicero una colilla de cigarro que no era mía y que ahora lo es.

Manuel Chavarín Millán. El autor es director de Chavarín Velazco Consultores

 

 

Acerca de Elena

http://www.chavarinvelazco.com/nosotros/

Dejar un comentario

Tu correo no será publicado, los campos marcados con son requeridos